La esperanza se hace cenizas, como lo que el fuego deja. Las lágrimas otra vez comienzan a salir y van empapando mis mejillas, mis ojitos aguados no soportan aquél llanto y mi cabeza solo se llena de pensamientos incomprensibles. ¿Mi corazón? Está ahogado en pena… la razón, no sabe para que lado guiarse. Palabras de aliento, no tengo. Insisto, pero me termino rindiendo.
Ya casi está guerra está dada por terminada… En las batallas, soy una perdedora. Estoy rindiéndome sin aún llegar a la mitad, por no poder encontrar un rayo de sol que me ilumine y me pueda ayudar.
Ya todo esta por acabar. Mi cabeza dice una cosa, pero mi corazón dicta otra. Y por más que no quiera, tengo que decidirme ahora con cuál voy a actuar.
Mis sueños ya están muertos, no queda ninguno. Los pocos que quedaban, se han destruidos. Parece una negativa, pero es que, no encuentro esperanza alguna. Y es que aquél rayo de sol que iluminaba mis días, se ha convertido en días de lloviznas… días nublados que han tapado aquellos rayos solares que llegaban a iluminar a esté planeta, convirtiéndolos, en días oscuros para mí, sin alguna motivación.